Chile hace historia con el lanzamiento del satélite “Suchai I”

Chile hizo historia el pasado jueves 22 de junio de 2017, en una hora muy próxima a la medianoche, al poner en órbita el “Suchai I”, primer satélite desarrollado en suelo chileno por el Programa Espacial de la Universidad de Chile. Desde la ciudad de Chennai, en la India, la Agencia de Investigación Espacial de la India (ISRO) fue la encargada de situar en el espacio el primer CubeSat, construido en Chile por un grupo de investigadores y estudiantes de pregrado y posgrado de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas.

Como un “hito científico” lo calificó el rector, Ennio Vivaldi, al frente de una de las universidades más acreditadas de América Latina y escalando posiciones para situarse entre las 150 más prestigiosas del planeta.

Marcos Díaz, responsable del Laboratorio de Exploración Espacial Planetaria (LEEP) y académico del Departamento de Ingeniería Eléctrica, viajó hasta el Centro Espacial Satish Dhawan, en la isla de Sriharikota, para controlar la fase de acoplamiento del CubeSat a la nave que lo llevaría al cosmos.

La expectación creada alrededor del lanzamiento fue máxima y la satisfacción generada en el entorno a este proyecto está plenamente justificada, sobre todo viniendo de una de las economías emergentes -la chilena-, aspirante a dar un salto al futuro y aportar conocimiento e información a compartir con la humanidad.

El Suchai (Satélite de la Universidad de Chile para la Investigación Aeroespacial, según sus siglas en inglés) es un nanosatélite, encuadrado en la categoría de 1 y 10 kilos de peso. Su forma responde a la de un cubo; dispone de mecanismos concretos de medición y lleva a cabo experimentos en circunstancias adversas, además de indagar la conducta de sistemas diferentes en el ámbito en el cual ha sido situado.

Las piezas y partes del Suchai I han sido importadas desde varios lugares del globo; ingenieros de la Facultad las integraron, perfeccionaron su régimen de funcionamiento, acondicionaron el instrumental y diseñaron los ensayos a ejecutar.

Existen diversos objetivos buscados. De entrada, una completa evaluación de la tecnología empleada en la fabricación del Suchai I; ya se sabe de la construcción del Suchai II y III, que funcionarían en red -de ahí la trascendencia de conocer el comportamiento del actual para hacer las modificaciones en los siguientes-. Comprobar la respuesta de las herramientas incorporadas para la realización de los tres experimentos proyectados. Destacan el relacionado con las baterías definidas por los impulsores del plan, esto es, verificar las técnicas dirigidas a anticipar sus fallas. Además de las mediciones físicas de la ionósfera y de otros elementos electrónicos en el contexto galáctico, y una cámara fotográfica fija.

El Suchai I se ubicará a 505 kilómetros de altura y girará alrededor de la Tierra en una trayectoria circular polar, a una velocidad aproximada de 7 kilómetros por segundo -esto equivale a 15 vueltas diarias al planeta por día-.

Su costo se estima en unos 300.000 dólares. Incluye creación de un laboratorio, el diseño y la fabricación unida a las respectivas pruebas y certificaciones en Chile y el extranjero, y la contratación de la agencia internacional encargada de encumbrarlo hasta su presente posición.

Chile entra en órbita

Otro propósito manifiesto de los promotores chilenos -Chile albergará el 70% de la plataforma astronómica planetaria-, es asentar al país en el grupo de naciones habilitadas para efectuar ciencia espacial de alto nivel utilizando su recursos limitados de manera inteligente. “Esta experiencia nos da credibilidad para que podamos convertirnos en un actor mundial en el circuito de la industria de los pequeños satélites y ser activos generadores de ciencia espacial de alto nivel”, dice Marcos Díaz.

Actualmente, el único aparato aeroespacial chileno en vuelo es el de observación FASat Charlie (SSOT), fabricado íntegramente en Toulouse (Francia), y su generador está próximo a agotarse. Todavía no se ha anunciado su reemplazante. El objetivo del SSOT es contar con un sistema satelital orientado a la observación del territorio, cuya proyección sea global y basado en la cooperación internacional.

Por último, el decano Patricio Aceituno añadió que “se trata de abrir oportunidades a estudiantes talentosos para involucrarse en proyectos de vanguardia que los lleve al límite de su capacidad creadora, así como de demostrar al Estado que sus universidades pueden estar a la vanguardia del desarrollo tecnológico, si se les ofrece la posibilidad de hacerlo” dijo.

¡Felicitaciones a todo el equipo!

Saludos Cordiales.

Tomás Pablo R.

Presidente Ejecutivo
Wolf & Pablo Consultores S.L.
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www.wolfypablo.com

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